Suscríbete a nuestra Conexión Nuevo Nacimiento
En la Iglesia Metodista Nuevo Nacimiento, entendemos nuestra fe como un pacto vivo que nos llama a una acción concreta en nuestro entorno. Siguiendo la tradición wesleyana de santidad social, desarrollamos nuestra Vida y Misión mediante el acompañamiento a los más necesitados, la justicia social y el cuidado de nuestra comunidad en La Cisterna. A través de nuestras diversas pastorales y ministerios, buscamos ser un foco de luz y testimonio, renovando diariamente nuestro compromiso de servicio solidario para reflejar el amor de Jesucristo en cada acto cotidiano.
Texto bíblico: “He aquí que vienen días — declara el Señor— en los cuales haré con la casa de Israel y la casa de Judá un pacto nuevo... Pondré mi ley en su interior, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.” (Jeremías 31:31,33 — RVR1960)
Durante el tiempo de Adviento, la celebración de la Navidad y la espera del Año Nuevo, nuestras comunidades metodistas se reúnen no solo para conmemorar un nacimiento, sino para renovar el pacto que nos llama a una vida en acción, por medio del servicio solidario que refleja el compromiso con el evangelio de Jesucristo.
La promesa profética de Jeremías —un pacto nuevo escrito en el corazón— ilumina nuestra liturgia del “culto del pacto”, la que no se trata únicamente de votos rituales, sino de una conversión comunitaria que transforma prácticas, prioridades y relaciones.
La recién celebración de Navidad nos recuerda que Dios se hizo carne para acercarse a la fragilidad y condición humana; el Emmanuel (Dios con nosotros), inició ese tiempo donde la gracia de Dios pide respuestas de parte de nosotros y nosotras y nos desafía a una reforma personal y a una reforma social.
El metodismo, con su énfasis en la santidad social invita a que esa respuesta y desafíos adopten formas concretas que evidencien nuestro compromiso en la acción pública, tales como la justicia social, el cuidado por los oprimidos, el acompañamiento a los más necesitados, cuidado de los enfermos, reconciliación entre vecinos, cuidado del medio ambiente, etc. Así, el pacto se vive en la identidad institucional y en los actos cotidianos de amor.
Al pasar al Año Nuevo, el culto del pacto es ocasión propicia para revisar compromisos: ¿renovamos hábitos de devoción y vida comunitaria? ¿reorientamos nuestras fuerzas hacia la solidaridad y la creación? En la tradición wesleyana, la renovación del pacto no es promesa vacía, sino compromiso de práctica: desde la mesa del sacramento hasta la obra social.
Que estas celebraciones sean, entonces, tiempo de alegría humilde y de firme resolución: acoger la ley de Cristo en el corazón, vivir la gracia que transforma, y hacer del nuevo año un año de pacto renovado —para gloria de Dios y bien de nuestro prójimo. Amén.
Pbro. Felipe Rojas Cortés
Secretario Eclesiástico